25.7.12

Marcas

Nada de lo que se hace es efímero. Todo tiene un destino, sin desenlace, sin final. Aún en su último instante cada elemento de este mundo tiene un mensaje que dejar.

Fantasmagoria

Un día mi mundo imaginario se me volvió en contra. Las ilusiones se convirtieron en ideas locas, los sueños en pesadillas muertas, los deseos en tortuosas imágenes. Un demonio se prendió a mi oído y me llenó la cabeza de odios, resquemores, rencillas, reyertas, insultos, desgracias, perforaciones, blasfemias, improperios, invocaciones. ¿Hacia dónde se conducía mi mente absorta? Quizás el diablo lo sabe. Un día mi mundo imaginario se volvió en mi contra. Y empezaron a caerme ideas inconfesables por los bolsillos, pesadillas despiertas comenzaron a desprenderse de mi piel, y los deseos fueron desgranando erupciones de perro con sarna. La imaginación se volvió homicida y me asesinó. Sufrí un imaginicidio desmedido. Sufrí. Mi cuerpo fue testigo del asalto imaginario más carnívoro. Pero aquí estoy, una vez pasada la tormenta de fantasmas, soñando un mundo nuevo. Lo hago disponiendo de mi imaginación, la misma que me llevó al subsuelo, pues claro, otra no tengo.