Aquí encontrarán ni más ni menos que las ocurrencias que le nacen al autor al momento de encontrarse con la posibilidad de escribir mientras está conectado. Es decir que ninguno de estos escritos son preexistentes. Se dan a luz de un modo instantáneo. Salud.
15.8.10
Solo en la llanura
Todo vuelve, fue la frase que guardé en mi cabeza aquél día que me dijo adiós. Casi con un deseo místico soñé que ese designio se cumpliera mucho más rápido de lo que quería esperar. Demoró, largas horas, largos tiempos. Y se cumplió, sin miramientos, justo cuando dejé de pensar en ello. Pero lo hizo de una forma inesperada. Todo vuelve, hacia el lugar que debe volver. Acaso lo pude haber adivinado. Estaba yo consustanciado en pensar de que nada volvería a escapar de mí, nada que sea mío. Estaba yo consustanciado en convencerme de que nada volvería a interrumpir mi camino. Estaba consustanciado yo en creer que la vida sólo así sería justa, sería como tendría que ser. Deseaba un pasaje hacia el futuro y el viento me respondió con un ruido de sierra. Todo era tan claro ya, que decidí quedarme a navegar en mi llanura. Era para mí el tiempo de hacer silencio y observar cómo las tontas rosas del pasado se pincharían entre sí, si es que así se quieren, si es que así se encuentran torpemente, si es que así me conduce mi alma hacia ese nuevo camino que andarán peregrinos los nuevos soles, ésos soles que yo mismo he de inventar, aunque no quiera la luna que lo haga solo. La invitaré a desayunar, comeremos juntos una y otra vez, acaso para siempre, pero ya nunca le dejaré navegar conmigo en la llanura. Pues un lugar para mí he de guardar, por si el día que quiera irse, no me quedase más que la nada otra vez.
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