Aquí encontrarán ni más ni menos que las ocurrencias que le nacen al autor al momento de encontrarse con la posibilidad de escribir mientras está conectado. Es decir que ninguno de estos escritos son preexistentes. Se dan a luz de un modo instantáneo. Salud.
20.12.10
Nubes voladoras
Anoche miré al cielo. Vi nubes voladoras circundar el espacio, ser arrastradas por el viento, vigilar la tierra húmeda. Anoche miré el cielo. Y pensé en qué poca cosa somos. Entendí la pequeñez del hombre, entendí la finitud humana, la fugacidad del tiempo que es agua evaporada, nube ascendente que sobrevuela por sobre nuestras cabezas, para ser testigo de nuestra mortalidad, mojándonos. Anoche miré al cielo y vi nubes voladoras pasar. Pensé que así era el tiempo, leve y pasajero. Pensé que así era vivir después de todo. Pensé que así sería el amor que se va. Una nube voladora, no mucho más. Un espectáculo nocturno. Un efecto de placer en el alma. Tan breve como eterno, tan sutil como impactante, tan polvoriento como edificante. Anoche vi el cielo y no quise volver a mirar. Sabía que no era el que había visto, sabía que pronto iba a cambiar. Entonces me puse a desear.Usar el alma como conexión. Usar la nube como centro de ese corazón que vuela, voló y volará. Testigo de lo que alguna vez fuimos, con la marca de lo que somos y de lo que alguna vez seremos.
11.11.10
Unidos
Silencio. Algunos momentos nos dejan sin palabras. Silencio. Algunas situaciones nos extirpan las expresiones. Silencio. Algunos encuentros ahuyentan los pensamientos. Silencio. Silencio. Se siente un rubor rondando el aire como un fantasma que observa sin mostrarse, como un espíritu diciendo oraciones en un lenguaje sordo, como un ángel protector haciendo guardia desde las nubes. Silencio. Silencio. ¿Qué significado tiene esta vida si no podemos entender qué hacemos en ella? Silencio. Algunas cosas son un verdadero misterio. Silencio. Algunos acontecimientos no tienen definición posible. Silencio. Algunos hechos no encuentran explicación suficiente. Silencio. Silencio. ¿Cómo es que podemos identificar a una sola persona en la multitud? El destino obra en extrañas formas. De alguna manera lo sabemos, sin querer asegurarlo, sin poder asegurarlo, simplemente lo sabemos, aun sin saber bien qué es lo sabemos. Silencio. Silencio. Lo sabemos. Silencio. Estamos unidos. Silencio. En el misterio. Silencio. Estamos unidos. Silencio.
8.9.10
Abominación
Mis secretos me abominan. Son resabios sueltos de cosas que no pude terminar, errores que no pude salvar, deseos que no pude cumplir. Algo así como fragmentos de programación que se acumulan en los vectores de residuos informáticos de mi vida. Mis secretos son mis abominaciones. Miserias que terminan escondidas en algún recóndito escondite del alma, ocultas de la conciencia, para que en la vigilia nuestra imagen del mundo no resulte con un tamiz degradado. La mente lo hace de forma inmediata, no duda, simplemente elimina, envía todos esos espacios de oscuridad a un lugar olvidado. Lo hace por sana hipocresía, indolencia y hasta enajenación. Lo hace porque encuentra en esta vida un dejo de injusticia desesperante, de asco imposible. Mis secretos son artilugios de mi mente. Pero es cierto que mi corazón no sabe, no encuentra apego en el olvido e insiste, casi con una programación enfrentada, a remover las costras del pasado. Mis secretos no son secretos para mi corazón. Sin embargo, paradójicamente, mis secretos son los programas de seguridad que mi mente crea para alivianar el peso del corazón, para sopesar un daño que de antemano se sabe irreversible. Y aunque lucha constantemente por salir, aunque irremediablemente quieren liberar su verdad, la mente con orgullo los cohíbe y los limita a un lugar invisible. Mis secretos son la forma de mi autoprotección. Mis secretos son la forma solapada de una mentira reconocida. Mis secretos son la forma de un antihumanismo con justificación de humanidad. Mis secretos son la forma de una lucha cobarde contra la verdad y la sinceridad. Mis secretos, definitivamente, me abominan.
15.8.10
Solo en la llanura
Todo vuelve, fue la frase que guardé en mi cabeza aquél día que me dijo adiós. Casi con un deseo místico soñé que ese designio se cumpliera mucho más rápido de lo que quería esperar. Demoró, largas horas, largos tiempos. Y se cumplió, sin miramientos, justo cuando dejé de pensar en ello. Pero lo hizo de una forma inesperada. Todo vuelve, hacia el lugar que debe volver. Acaso lo pude haber adivinado. Estaba yo consustanciado en pensar de que nada volvería a escapar de mí, nada que sea mío. Estaba yo consustanciado en convencerme de que nada volvería a interrumpir mi camino. Estaba consustanciado yo en creer que la vida sólo así sería justa, sería como tendría que ser. Deseaba un pasaje hacia el futuro y el viento me respondió con un ruido de sierra. Todo era tan claro ya, que decidí quedarme a navegar en mi llanura. Era para mí el tiempo de hacer silencio y observar cómo las tontas rosas del pasado se pincharían entre sí, si es que así se quieren, si es que así se encuentran torpemente, si es que así me conduce mi alma hacia ese nuevo camino que andarán peregrinos los nuevos soles, ésos soles que yo mismo he de inventar, aunque no quiera la luna que lo haga solo. La invitaré a desayunar, comeremos juntos una y otra vez, acaso para siempre, pero ya nunca le dejaré navegar conmigo en la llanura. Pues un lugar para mí he de guardar, por si el día que quiera irse, no me quedase más que la nada otra vez.
13.7.10
¿Tiempo?
Es curioso observar cómo el tiempo acomoda las cosas, con firme y cuidadosa paciencia. Como si la vida estuviera premeditando cada paso a dar, así los hechos se suceden con una suerte de predestinación mágica. El tiempo juega sus cartas y no nos da más opción que adaptarnos, por más insistencia o lucha que le demos. A los humanos nos queda arreglarnos con el problema de vivir sin la posibilidad de elegir el modo en que nos gustaría que las cosas ocurran. Simplemente pasan y ya. No obstante, algo sí podemos hacer, siempre que queramos ganar algo en un combate que sabemos perdido desde el principio. A veces en este juego hay más de uno tirando sus cartas y ponerse de acuerdo no siempre resulta tan sencillo. Puede que el tiempo nos haga una jugada perversa, nos ponga en lugares opuestos y nos distancia de forma inexorable. Puede que el tiempo se ría de nosotros como un dios titiritero que maneja sus torpes muñecos con locura y perversión. Puede que el tiempo nos haga decir cosas que no queríamos decir, hacer cosas que no queríamos hacer, caer en lugares en los que no queríamos caer. Sin embargo, es el mismo tiempo el que terminará por jugar nuevamente y darnos una nueva oportunidad. Acaso ya nada sea lo mismo, acaso ya nunca nada volverá a ser igual, pero la verdad es que nunca lo fue. Entre ayer, hoy y mañana pasa tanto tiempo que uno no sabe si lo que se le pasó fue el tiempo de la vida o la vida en el tiempo. Es curioso llegar a pensar si es el tiempo el que acomoda las cosas, o es uno el que, con el tiempo, se acomoda... a las nuevas realidades, a aquellas novedosas e inesperadas formas de vida que nunca pararán de surgir y de arruinarnos los planes.
4.6.10
Razón / co - razón
Es confuso el pasar ante los numerosos testimonios arrojados por la conciencia en la habitación de la vida. No es sencillo decidirse. Un ejercicio de autoconciencia sería inútil en un momento así. Dicen que el tiempo, y sí, tal vez el tiempo. Deja pasar las cosas esperando una respuesta conciliadora ya no con la razón si no con el co-razón. Ninguna inteligencia puede estar tan asociada, sin embargo, traducirlas, hacerlas entender entre sí cuesta tanto como existir. Casi que de eso depende la sobrevivencia, o también, una buena vivencia sobre el mundo. Todo mezclado, separado, inconexo, aleatorio, así viene el mundo hacia nosotros, nuestra tarea es unirlo, integrarlo, darle sentido. Ésa increíble confusión puede ser motivo vital de superación y excusa de degradación, las dos cosas a la vez; así de raras son las cosas. Es impostergable entonces nuestra obligación de darles un atisbo de claridad, pero sin dejarse encandilar por la luz, así de difíciles son los objetivos. Dicen que el tiempo, el tiempo no deja nada en pie. Y si encima nosotros colaboramos, si nosotros no nos ponemos de acuerdo, alma - espíritu - razón - corazón separados, no habrá tiempo que podamos sobrellevar. Nuestro pasar será un triste momento, olvidadizo, efímero, carente de valor.
2.6.10
Enfrentamiento final
Este encuentro grafi-sonoro tiene sabor a nada. A veces me pregunto: ¿para qué tantas preguntas? Es suficiente lógico que la lógica no tenga todas las respuestas. Los enigmas florecen como reverdecen las plantas, tienen su tiempo. El escritor busca las palabras justas, justamente cuándo se ha quedado sin palabras, pues cada palabra de más podría ocasionar un desastre literario. Pero lo peor: el escritor es consciente de que el sentido de sus oraciones puede traspasar el papel y llegar allí adonde se alojaban indiferentes las referencias. Por tanto el desastre generado podría ser mayor. Pero se interroga igual, acto que no es más que interrogar a la vida misma. Entretanto, el cosmos medita en silencio sabiendo lo que va a pasar. "¿He de decir mi verdad más cruenta incluso a costo de hacer estallar el dolor?", se pregunta el decidor. El cosmos sigue meditando en la espera, y el escritor, el poeta busca una respuesta en el aire. Mira al cielo sin cesar y sigue interrogándose. "El silencio también es una opción. A veces no hay nada más que decir", piensa. Elabora las palabras, arma las frases en su mente como si estuviera pronto a soltar la lengua, pero todavía no se decide. Nunca lo hace y acaso nunca lo hará. El poeta vive siempre en esa incomodidad, en el dilema de saber si sus versos serán tan relevantes como él espera que sean. Una tarea encomiable y agobiante, un encuentro grafi-sonoro que repetidamente tiene sabor a nada, pues recibe como postura la ingratitud, la desidia, el desprecio de quienes oyen la verdad del poeta, leen la verdad del escritor, sin saber que ello los enfrentaría con su propia humanidad, con el mundo, con el cosmos meditando siempre una respuesta, ésa que acaso nunca dirá.
15.1.10
No existir...
Yo no existo. Soy el aire que no respira, la brisa que no roza, el viento que no despeina. No existo. He perdido consistencia, perdí peso y ahora me convertí también en un ser transparente. No existo. Enigma insurgente, revoleo de sangre, rompehuesos. No existo, he dicho. Por ahora eso y nada más...
10.1.10
Salir del mal
Un remedio al ahogo, un stop a la desesperación, un instante de calma. Un retrato de autoindulgencia, un pedazo de estima no retaceado, un cortejo de conmiseración. Una píldora de ánimo, una gragea de re-estructuración, una dosis cargada de olvido. Basta de perplejidad. No más escenas de nomadismo barato, mudanza torpe de ideas, desperdiciamiento de vida en malos hábitos. La confianza en el cuerpo nos vuelve tontamente inconscientes de lo que este cielo puede dar. Un disfrute que sea verdadero, una risa que complete la alegría profunda, un momento, aunque sea uno, de felicidad.
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