Aquí encontrarán ni más ni menos que las ocurrencias que le nacen al autor al momento de encontrarse con la posibilidad de escribir mientras está conectado. Es decir que ninguno de estos escritos son preexistentes. Se dan a luz de un modo instantáneo. Salud.
24.2.08
comunicación de las almas
Cantar sin ganas de cantar, cómo es posible. Es preferible tener ganas y no cantar. O mejor cantar y ya. Producir esa liberación de la voz en formas tan agradables que liberan también a los oídos. Armonía, fantasía, sincronía. Se canta no simplemente con la voz, se canta con todo el cuerpo. La canción es uno mismo transmitido. La canción es el lenguaje que no dice, es el lenguaje que expresa, es la modalidad más viva de los sueños despiertos. Mi alma canta cuando cantas. Me en-canta sentirte cantar. No sólo te escucho. Te abrazo con mi oído. En esta campanada de sonidos no hay indiferencia que valga, no vale aturdirse. En silencio, es bello acariciar las ganas de cantar y de cantarte al oído tantas cosas preciosas que nunca se me volverán a ocurrir. En silencio ya puedo oirte cantar esas canciones que nunca serán hasta aquél día en el que logre sentirte en mí... cantando, siempre con el canto en el alma.
10.2.08
el juego yira
1.2.08
es simple
Cruzando los confines del universo podrás ver, un haz de luz materializado en la tierra, madre de todas nuestras miserias. Desde los confines llegan a nosotros los sonidos ancestrales cuya misión es encender nuestra bendita ignorancia. Los sonidos forman esa armonía proveniente del conjunto de oraciones que integran lo más profundo de nuestro saber. Tanto la tristeza como la alegría son ínfimos estados de esta cosmogonía. Entre el ruido y la melodía se componen la serie de cosas que nos brindan esta vida, nuestra vida. Y cada vida suena diferente, no hay dos composiciones iguales, aunque sí puede haber dos que se conecten armoniosamente. Y de eso se trata todo, de lograr la armonía. Tan extraña es la forma en que ello se da, que más extraña es la forma que lo hace perdurar. Un enigma casi imposible de descifrar, pero que cada tanto podemos llegar a disfrutar. Ahora, claro, los hombres y las mujeres, naturalmente conocedores de la armonía, tendientes naturalmente a buscar en ella la felicidad, caemos en el desequilibrio, justamente, por ignorar lo simple que es todo esto.
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