Aquí encontrarán ni más ni menos que las ocurrencias que le nacen al autor al momento de encontrarse con la posibilidad de escribir mientras está conectado. Es decir que ninguno de estos escritos son preexistentes. Se dan a luz de un modo instantáneo. Salud.
28.1.08
religiosidad
No se puede saber nada de antemano. Todas nuestras presunciones no pueden ser más que aproximativas. Sin embargo, pueden acercarse tanto a la realidad que llegamos a cometer atrocidades en nombre de cierta hipótesis casi confirmada. Nunca supe porqué echaba todo a un lado en cierto tiempo de cierta vida que yo, por supuesto, creía mía (aunque tampoco sabía eso como es claro). Simplemente un impulso proveniente de algún oscuro y perdido rincón del ser indicaba dar un no a cada propuesta. Aprendí entonces, que es tan incierto lo que está por venir como el impulso de no aceptarlo. Entre otras cuestiones, conllevé cierto tiempo el honor de estar limpio. Cierta coherencia ética que siempre vale la pena tener en cuenta. No sentir entonces el sabor de lo impío. La cultura tiene ribetes extraños, permite y prohíbe cosas muchas veces contradictorias, al menos en apariencia. Pero una vez que se toma cierta dirección es sabio respetarla. Claro, el camino de la coherencia trae muchas dudas e incertezas, muchos miedos e inseguridades, muchos deseos de dejar todo de lado. Aquí, digo, en este pensamiento, observé que al dejar de lado un determinado tipo de cosas que el impulso intuitivo me llevaba a decirles que no (sin saber alguno más que cierta visión del mundo) no dejaba de lado, no obstante, la idea de sostener cierta coherencia. Requiere gran esfuerzo mantenerse sólido frente a la serie de tentaciones que parecerían tentar al espíritu a desviar sus decisiones. No piensen equivocadamente, nunca fui religioso en verdad. Pero si esto era una religiosidad en mi conducta, podía con total tranquilidad aceptarla. Y puedo de la misma manera, decirme ahora, más allá de lo que muchos piensen: "no me traicioné a mí mismo". Y en esto ya no tengo presunciones.
19.1.08
cosas adentro
Tengo cosas adentro, le dije y no me importó verdaderamente lo que pensara. Pensar, eso ya estaba viejo para mí. Hacía tiempo creía haber descubierto que mi búsqueda, sea cual fuere, no estaba por los terrenos del pensamiento. Ahora, pienso justamente, qué era lo que buscaba en aquél tiempo. Sobre todo lo pienso ahora que sigo buscando y, tal vez, o mejor, seguramente la búsqueda sea algo totalmente diferente a aquél tiempo. Algo que me da la leve presunción que también tal vez la búsqueda actual sea una cosa totalmente diferente mañana. Me digo, porque debe tener un valor interno, el hecho de buscar no puede ser malo. Lo angustiante de nunca encontrar no anula ese valor de buscar, perseguir, indagar, esa actitud admirable de ir sin detenerse. Pero qué busco y qué buscamos en general si cada vez que creo encontrar eso me lleva a una decepción y nueva búsqueda. Será una cuestión de método tal vez, pero hoy podría convencerme fácilmente en apuntar todos los cañones al qué de la búsqueda. Ese horizonte a cada vez más borroso, a cada paso siempre más nuboso, un simple horizonte como una flecha que indica el camino pero se va torciendo y torciendo al andar. No serán mis ojos y el problema resida en la visualización del destino. Quizás ya haya encontrado o no, pero cómo darme cuenta si ni siquiera puedo saber bien qué es lo que busco. Este extravío existencial no podría ser mayor, ahora caigo en la cuenta. Y precisamente cuando veo el tiempo, y cuento los días que pasan y pasaron, todo me hace dudar de este camino sucio e inescrutable. Me dirán, lo tuyo es la insania, no podemos dudar. Y me encerrarán en 4 muros. Y aún allí me preguntaré, era esto lo que estaba buscando, este encierro que vine por incredulidad a encontrar. Pensar, qué viejo y triste. Hasta aquí he caído, tal es el desconocimiento de mí mismo. Escuché ruidos en la cocina, ella vino, me miró dulcemente y me dejó algo sobre la mesa. Luego se fue y no me creerán pero no pude encontrar lo que me dejó. Quizás eso era todo, y ahora a cada paso sólo veo los restos de las cosas que había perdido buscando y buscando. Si tan sólo le hubiera creído, pero creer, eso era lo que había estado siempre viejo para mí.
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