14.4.07

un NO a la empatía

Revientan la paciencia quienes dicen sin decir, adobando en demasía las palabras, tratando en forma exagerada de pulir su lenguaje. Aunque traten de disimular, su verdadera intención es algo evidente. Muchas veces, muchas, no hay modo de decir las cosas más que diciéndolas. Expulsándolas de la manera en que se siente. Es el plano de la sinceridad, de la sincera presentación de uno mismo. Muchos creen, muchos, que controlar el yo tiene el fin de tener en cuenta al otro. Pero también es la acción de poner en el otro lo que el yo cree poder y debe controlar. Y el otro es un total desconocido, siempre lo ha sido. El problema está en la relación. Y la relación nunca será auténtica sino empezamos por serlo. Y claro que se debe trabajar al máximo la paciencia. Y claro que hay que pensar en el otro. Simplemente, nunca seremos el otro y la paciencia tiene límites. Si la situación implica lastimar, es inevitable lastimar. Una burla macabra al tiempo sería no hacerlo. Un dolor que termina en alivio es efectuar la verdad. Esa verdad que nunca será clara, exacta o adecuada: es el sentido de las cosas; más allá de los unos y los otros, y aún con ellos. Una verdad que sólo se da sin nada que entender.