20.3.07

gracias por intentar

Gracias. Te quiero. De modo rápido e insurgente, da felicidad la más grande sencillez. Y dura mucho más que ese instante. A veces la presión agudiza los sentidos. La falta de tiempo intensifica los momentos que se pueden vivir bien. A veces, simplemente es ver, sentir, soñar y conectarse. Hacer que eso más allá, esté más acá, esté acá, esté. Real, la realidad puede ser muy real. Como prestarle atención al más mínimo detalle a cada hoja de una planta, nervadura por nervadura, tocarla, experimentar sus texturas, jugar con sus formas, su peso, su figura, transformarla, corromperla, ser uno con ella y traspolarse. Lo mismo en la vida, aunque siempre distinto. Fuerte, lleno, intenso. Hasta la cosa más insospechada se puede disfrutar. Y la compañía hace bien. Es ver(te), sentir(te), soñar(te), conectar(te). Es decir "te quiero", es sentirlo y vivirlo sin tener la necesidad de decirlo: se comparte y se sabe. A veces es bueno decirlo. A veces es bueno demostrarlo. Igual, ahora ya no importa, todo pasa rápido aunque dure mil años. Te agradezco este y otros momentos. Estas palabras dicen eso y nada más: gracias.

3.3.07

negado

No importa cuánto reneguemos de la vida.
Seguiremos de pie, viviendo.
Qué importa cuánto reneguemos de la muerte.
Seguiremos muriendo, paso a paso,
minuto a minuto, indefectiblemente.
Cuánto reneguemos del silencio,
no evitará tanta pasividad,
cuánto reneguemos del habla innecesaria,
no evitará tanta palabrería barata.

Hoy me olvido,
freno y prefiero al menos por un tiempo no renegar
de mi existencia estúpida e inconsistente.
Miro al cielo,
planeo en pensamientos que se llevan las nubes,
levito etéreo seguramente sin realidad,
pero sintiéndome mejor que ayer.
Definitivamente,
me quedo en el mundo de los afectos.
Me establezco,
hago choza en ese universo algo bastante maniático.
Y no me culpo de estar.
Donde los cuerpos son el blanco del amor y del odio;
donde las almas son el target del bien y el mal;
donde nuestros espíritus reciben el hedor
y el perfume de la divinidad.
Acepto y resisto y doy lo mío.
Mi espíritu,
mi alma y mi cuerpo tanto como los tuyos
apuntan a lastimarse de afecto.
Y es preferible, antes de vivir engañados y engañando,
mentidos y mintiendo, aseverados y aseverando,
administrados y administrando, contados y contando.
Que reniegue quien reniegue, quien quiera renegar,
quien no quiera cambiar nada de ese silencio
y vivir en el hastío, el vacío, en una existencia
llena de cosas con nada que ofrecer en realidad.
Ningún afecto, ningún roce, ningún goce,
ningún sentido vivido aprehendido,
guardado y atesorado como propio.