Por parte de quienes siempre hablan de más sin ningún tipo de reparo por el daño que al mundo hacen, por la parte que a ellos les compromete, repito, nada surge más que el desprecio insensato. ¿Porqué la necesidad de hablar cuando las palabras sobran o cuando éstas incluso ya se han encargado de confundir todo y de mostrar así su inoperancia? ¿Cuál es la manía que conlleva a alguien a realizar vociferaciones descomedidas e ingratas con el cosmos en cuyo espacio se liberan irresponsablemente como dagas terriblemente dolorosas? ¿Qué ha hecho el mundo con estas personas que pueda ser tan terrible como para que ellas no detengan su marcha y piensen en callarse de una vez por todas??
Es obvio a esta altura que el silencio es el elemento menos respetado de todo el universo. Y como si no fuera suficiente con el ruido ensordecedor que genera la estupidez, encima el caracter contagioso y rápidamente trasmisible de la misma llena las mentes de voces, voces y voces que no hacen otra cosa que volvernos cada día un poco más sordos y más locos que es lo mismo.